jueves, 24 de mayo de 2012


He roto mil y una veces los cristales que no quiero
Y he sacado de las sombras bultos de luz
Que encendieron noches sin luna,
Noches negras de petróleo y sal.
Vendí por cien la nada del poema frío
En un cálido amanecer de agosto
Y supe esperar como el que anda sin destino,
El tiempo cruel y tormenta.
Pero hoy, esta noche, armado por la ira
De un mundo que no es mundo.
Me vuelvo y escupo sobre las pegatinas
Que un día nos plasmaron en la frente.
Y con las armas preparadas al vuelo,
Me dirijo a la batalla, solitario
En el corcel sin montadura como
Don Quijote embistiendo contra el molino.
Llevo ya diez tardes caído en el inframundo, y hoy,
Hoy espero el amanecer, el canto del gallo al despuntar el alba
Porque sé que no esperaré solo,
Que alguien verá, que también es su batalla.

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