Lo
llevamos clavado como una honda de frio.
En
medio, este infierno de retratos sin rostro.
Y hoy
no me apetece nada, solo en esta casa de madera
Que habla
en la pared palabras de demonios,
Que corren por la llanura del lobo y el conejo negro.
Las
velas se encienden, y a la orilla del mar
Se
vuelve la sangre adentro ocultando lugares azules.
No
quiero ser el que guarda una bola de fieltro en la garganta
Y se
detiene en busca del naufrago perdido.
La
corriente alterna y da salida a dos lugares distintos
En uno estás
tú guardando la llave de toda una vida junto a las flores.
En otra
está la bajada a los infiernos y universos de cemento y televisores.
Solamente
crece algo en medio de este fango rojizo
Un
árbol floreciente de verano, con las ramas y colores de almendros
Que
cura la tierra seca, y el vapor de gases nauseabundos.
Y allí
camino lentamente al jardín de los paraísos perdidos,
Sin saber la ruta ni la dirección. Como el que ve un sueño sin sentido.
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